(POV Kyler)
El sol de la tarde caía con una calidez misericordiosa sobre el patio del edificio. Había terminado mis asuntos y, por primera vez en semanas, sentía que mi alma estaba en un remanso de paz absoluta. El accidente —ese vacío negro en mi memoria que los médicos llamaron trauma y que yo llamaba "mi purificación"— había sido la forma en que el destino me reclamó para una vida de orden. No recordaba los últimos meses, pero quizás no había nada que recordar más que el ruido del mundo y la