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El pasillo del pabellón femenino era un túnel de sombras y remordimientos. Esperé a que Noah se alejara y que el silencio de la medianoche se tragara el eco de sus pasos. Mi mano tembló al rozar el pomo de la puerta de Aria. Sabía que estaba cometiendo una infracción grave, que mi presencia allí era un sacrilegio en sí mismo, pero la culpa era un fuego que solo podía apagarse frente a ella.
Entré sin hacer ruido. La habitación olía a antiséptico, a lavanda y a ese aroma dulce que solo le pert