El funeral fue discreto: asistieron únicamente la familia directa y los socios más cercanos a la compañía.
Mía lloró durante la ceremonia, pero sin un solo rastro de hipocresía. Comprendía la tragedia de esa mujer que intentó hacerle daño de tantas maneras y que, al final del camino, terminó destruida por sus propios demonios. Ana Salazar pasó sus últimos años de vida aferrada a la idea delirante de que Mía le había robado a Adriel. Quizá ahora, en el mundo de los muertos, su alma encontraría l