Mía llegó al hospital con los gemelos. La enfermera que la ayudaba cargaba a Izel. Ella llevaba a Azel en la carreola y su bastón en la otra mano.
La unidad de cuidados intensivos era un laberinto de tubos y máquinas.
Adriel estaba en la habitación 4. Conectado a un ventilador. A monitores cardíacos. A bolsas de suero. Su cabeza vendada. El cabello rapado. Una cicatriz reciente cruzaba su cráneo como una línea roja.
Mía se detuvo en la puerta.
—Dios…
Una enfermera del hospital se acercó.
—¿Es u