Elisa abrió los ojos, mirò a ese hombre abrazado a ella. Verlo así era como ver a Lisardo, pero ahora màs que nunca estaba segura de que no era èl.
Se levantó y segundos después él también despertó.
—¿Qué horas?
—Siete de la mañana.
—Debo ir a trabajar —dijo èl.
Leander fue a darse un baño, ella esperó en esa habitación, lo vio salir, y vestirse.
Ella intentó no mirarlo, pero los ojos de Leander la seguían a través del espejo.
«¿Es tímida? ¿O simplemente le soy tan indiferente?», pensó con las d