Elisa detuvo el beso, entraron a casa y Leander la llevó hasta la habitación.
—Debes cambiarte la ropa, o puedes enfermarte.
Ella asintió despacio.
Intentó levantarse, pero sufrió un mareo. Leander la detuvo antes de que cayera al suelo.
—¿Elisa?
—Estoy bien —dijo
—No me mientas. Siéntate, por favor.
Ella obedeció y se sentó sobre la cama.
Observó al hombre ir al cuarto de baño, escuchó el agua correr.
Leander volvió minutos después y tomó su mano.
—Vamos, debes darte un baño y quitarte la ropa.