Elisa se estremeció de temor. Salió de la habitación a toda velocidad y se llevó su ropa.
Se vistió apurada, recordó vagamente algunas cosas de ayer. Pero, en lo único que podía pensar era en que ese lunar no estaba en la piel de ese hombre; en cambio, estaba reemplazado por una gran cicatriz.
Las lágrimas brotaron por los ojos de Elisa, cubrió su boca y se echó a llorar cuando sus peores temores salieron a la superficie.
Recordó a su esposo, recordó a Lisardo.
Si cerraba los ojos, podía verlo h