Elisa se asustó, se alejó enseguida, y salió de ahí.
Al llegar a su alcoba, llevaba aún esa tarjeta de crédito en sus manos; la dejó sobre la mesa.
Se sentó al borde de la cama, pensativa.
No entendía por qué ese hombre actuaba así.
«No me gusta la forma en que me siento frente a èl, ¿Qué me pasa? Debo tener cuidado. Necesito saber, ¿Quién eres Leander Moctezuma?», pensó.
Al día siguiente.
Elisa casi no pudo dormir. Se levantó y preparó el desayuno, observó al hombre salir de su habitación.
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