El abuelo Moctezuma, junto a Gustavo y un abogado, entró a la habitación.
—¡No pueden llevarse a la mujer! Tenemos un amparo hasta su juicio, donde se demostrará la inocencia de mi cliente.
Los detectives miraron la información, supieron que era real, tuvieron que irse.
Los ojos de Leander miraron a su madre con severidad, ella pudo sentirlo.
—¡Leander, soy inocente!
—¿Inocente? El corazón que late en mí es de Lisardo Expósito, ¿no lo sabías? ¿Por qué te acusaron? ¡Di la m*****a verdad! —exclam