Isabel González luchaba por llevar a Leander Moctezuma a su auto, insistía para que el hombre, ebrio, caminara a su auto.
«Si pasa la noche conmigo, no tendré que trabajar en mi vida, estoy harta ya de trabajar tanto, qué tal si me doy una vida de señora Moctezuma», pensó.
La mujer recordó que antes de salir del lujoso bar, algunos paparazzi de las revistas sociales les tomaron fotografías. Estaba satisfecha; sin embargo, a punto de llegar al auto, escuchó una voz.
—¡Leander!
Leander se detuvo.