Ana intentó alejarse, pero sintió como sus manos siguieron atrapándola, mientras aún la besaba con pasión.
Piero hundió sus dedos entre sus cabellos, y la besó con màs ardor.
Por un instante, ambos se perdieron en el mar de sensaciones que se provocaban.
Èl detuvo el beso, miró su rostro, no supo qué hacer, o decir sus miradas se encontraron.
Ana lo empujó y corrió a la puerta, tenía las llaves en la mano y comenzó a correr.
Piero maldijo y fue tras ella, pero ella ya corría lejos de su alcance