Gustavo comenzó a volverse loco, no podía creer lo que decían.
Colgó la llamada.
—¡Secuestraron a mi hija! ¡Secuestraron a Ana! Debemos salvarla.
Sonia estaba perpleja, intentó calmar al hombre, que fue por su arma.
—¡Mataré a Piero Moctezuma si se atreve a dañar a mi hija!
—¿Te volviste loco? Espera, no podemos hacer eso, ir por èl, sin saber a dónde, debemos hacer algo màs, si secuestramos a la m*****a de Elisa, Piero la quiere, así que recuperaremos a nuestra hija.
Gustavo la mirò con duda.
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