El domingo trajo otro evento. Otro campo de batalla.
—Almuerzo benéfico en el Plaza —anunció Irene mientras yo intentaba tragar mi tercer café del día—. Las esposas de los principales accionistas de Blackwood Media. Es tradición mensual.
—¿Nathan asistirá?
—Es un evento exclusivo para damas.
Por supuesto que lo era.
Me lanzaban a las lobas sin refuerzo.
El salón privado del Plaza era un mar de Chanel y perlas. Mesas redondas con manteles de lino. Centros de flores que costaban más que mi antiguo