El sábado llegó con una invitación que no podía rechazar.
—La inauguración de la nueva ala del MoMA —explicó Margaret, depositando un vestido azul medianoche sobre mi cama—. Todo Nueva York estará presente. Es su primera aparición oficial como pareja casada.
Primera aparición. Como si fuéramos actores a punto de estrenar una obra.
En cierto modo, lo éramos.
—¿Nathan confirmó asistencia?
—El señor Blackwood nunca falta al MoMA. Es uno de los principales benefactores. —Margaret alisó una arruga invisible del vestido—. Esta noche, el mundo conocerá a la nueva señora Blackwood. Asegúrese de estar a la altura.
A la altura. Como si existiera una vara que medir.
El vestido era una obra de arte. Seda que fluía como agua oscura. Escote discreto pero sugerente. Un corte que abrazaba mis curvas de forma que Derek nunca habría aprobado.
"Has engordado quince kilos desde la boda."
Sus palabras seguían ahí, escondidas en los rincones de mi mente. Fantasmas que se negaban a morir.
Pero cuando me mir