El acto de presentación fue en una librería del East Village que tenía la calidad de las librerías que no intentan ser otra cosa: estantes hasta el techo, la moqueta con el color de las cosas que llevan mucho tiempo en el mismo lugar, cuarenta sillas de madera que alguien había colocado esa tarde en filas imperfectas que nadie había corregido.
Cuarenta personas.
No más.
Nathan lo había elegido así.
La editora había sugerido algo más grande. Nathan había dicho que cuarenta personas que querían e