La terraza olía a lluvia reciente.
Y a ciudad.
Ese olor específico de Manhattan a las once de la noche: asfalto mojado, escape de vehículos, algo metálico flotando en el aire frío de octubre.
Me apoyé en la barandilla.
Mis manos descansaron sobre el metal frío.
No lo solté.
Adentro, la reunión había terminado dos horas antes.
Harrison se había ido con sus carpetas y sus opciones preparadas.
Opción A: aceptar el trato de Margaret.
Opción B: rechazarlo y enfrentar el proceso legal más devastador