Diana atendió al primer tono.
—Sabía que ibas a llamar en cuanto lo encontraras —dijo, sin saludo previo.
—¿Cuándo lo enviaste?
—Hace tres semanas. No te lo dije porque sabía lo que ibas a responder.
—Que no estaba lista.
—Exactamente. Y tenía razón al no preguntarte.
Evelyn miró la tarjeta de Renata Solís sobre la mesa de la cocina. Nathan había desaparecido discretamente hacia la sala con la excusa de algo que no recordaba haber dicho.
—Treinta páginas sin mi permiso, Diana.
—Las primeras tre