Una mañana cualquiera. El café. Nathan en la cocina a las seis y media.
Era mayo del año veintitrés. La ciudad afuera con su temperatura específica de la primavera tardía que ya no era invierno pero que todavía recordaba serlo en las primeras horas de la mañana.
Nathan puso el café. Miró por la ventana. Los árboles del parque completamente verdes ahora, con las hojas que habían tardado en llegar pero que habían llegado finales y con la densidad específica de lo que no se apresuró.
Evelyn estaba