Capítulo diecisiete. El calor de la pasión
Thiago no tenía ni una jodida idea de cómo llegaron al departamento. ¡Sí, al departamento! No a la casa, no a su habitación en la mansión ¡No! Él había conducido a su departamento de soltero y lo que era mucho más apremiante era la manera en la que su boca se aferraba a la boca de Amber.
El calor de la pasión corría como lava volcánica por sus venas, no podía continuar negando que la boca y el cuerpo de Amber despertaban en él una fiera pasión que nublaba todo pensamiento racional, que le hacía