Capítulo cuarenta y tres. ¡Somos hermanas!
«¡Secuestrada!»
El solo pensamiento hizo a Thiago sentir terror y tuvo que luchar contra la náusea que subió por su garganta. Él no podía y no tenía tiempo para comportarse como un hombre débil. No cuando Amber estaba en manos de Dios sabrá qué clase de delincuentes.
—Me he tomado el atrevimiento de llamar a la policía, desde que la señora me expuso la situación asumí que algo debía estar pasando y estas imágenes comprueban que la joven no iba ebria como le han hecho creer al guardia de segurid