Capítulo dieciocho. ¡Eres un maldito semental!
Amber se movió con sutileza, el cuerpo le dolía. No el cuerpo no, específicamente su coño. Thiago había cumplido su promesa y la había follado hasta hacerle ver las estrellas. Se sentía tan jodidamente dolorida, pero tan malditamente satisfecha que no pudo evitar reprimir el gemido que abandonó sus labios.
—Santo infierno, Amber, no te muevas —gruñó Thiago a su oído y entonces Amber fue consciente de que el hombre estaba enterrado aun dentro de su intimidad.
—¡Vas a matarme! —gritó Amber cuando