Natalia se quedó atónita al escuchar las palabras de Galeano. Por un instante pensó que su hijo estaba confundido o desorientado. Después de todo, había descubierto que Alicia no podía darle el hijo que tanto ansiaba para heredar la fortuna familiar.
— Galeano, por favor —exclamó Natalia—. No repitas semejante incoherencia. Debes estar delirando por la noticia que te dio tu esposa. Necesitas descansar y dejar de decir tonterías.
Pero Galeano, desesperado y cansado de fingir, la tomó por los hom