Alicia estaba sentada en el sofá de la lujosa sala con las manos temblorosas. Miguel entró y notó su estado de agitación.
—Alicia, ¿qué pasa? —preguntó, preocupado.
Alicia levantó la mirada, con sus ojos llenos de lágrimas.
—Es que tengo que decirte algo.
Miguel frunció el ceño, sintiendo una punzada de preocupación.
—¿Qué ha pasado ahora?
Alicia tomó aire profundamente, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—Es que Galeano estuvo aquí.
—¿Qué estás diciendo? ¿Pero qué hacía ese degenera