Alba estaba desesperada. Su pequeña bebé lloraba sin parar y ella temía por su salud. El frío de la noche calaba hasta los huesos, y no tenía a dónde ir. Con el poco dinero que le quedaba, subió a un taxi y se dirigió a la villa donde vivía su hermana Alicia.
Al llegar allí, tocó la puerta temblorosa. Una mujer de la servidumbre abrió y de inmediato avisó a Alicia, quien se encontraba en la habitación de su hija Carlotita.
—Señora Alicia, disculpe la molestia, pero la busca la señora Alba.
Alic