El zumbido de las máquinas en la sala de operaciones era ensordecedor. Galeano yacía en la cama, conectado a un sinfín de máquinas que emitían un constante pitido. Con una expresión de desesperación, llamó al médico.
—Por favor, llame a Alicia y Alba —dijo, su voz temblando—. Necesito hablar con ellas.
El médico asintió y salió de la habitación. Galeano cerró los ojos un momento, sintiendo el peso de sus decisiones pasadas aplastarlo. Sabía que su tiempo se estaba acabando y había cosas que deb