Alastor fue llevado hasta Cirius. Sobre sus hombros llevaba un yugo similar a un animal; de sus ropas solo dejaron sus pantalones, despojándolo incluso de sus zapatos. Lo estaban humillando. Los lobos disfrutaban de golpearlo cuando él se detenía un segundo por el peso que cargaba y los pies atados, magullando su espalda con látigos, los cuales tenían la punta bañada en plata, logrando hacerle heridas que les dejarían las cicatrices para siempre.
En la manada estaban reunidos en la dulce espera