—¡voy a matarla!— resopla el alfa caminando de un lado a otro apunto de colapsar por la ira ¿cómo era posible aquello?
—no actúes por impulso, ni siquiera sabes si es ella realmente— destroza lo que hay a su paso y le grita
—estoy muy seguro que esa es jade, la jade que yo conozco, o creía conocer, por que nunca me dijo la verdad. Ella siempre supo quién era yo y quienes éramos nosotros y aún así, nos vio las caras de payasos, siempre te lo dije que no era de fiar, pero insististe, posiblement