Me despierto adolorida como si hubiese tenido clases de etiqueta en casa, se que es un ejemplo absurdo, pero terminaba castiga todo el tiempo. Abro los ojos forzadamente y veo la claridad del día y por lo cómoda que estoy se que no estoy en mi habitación al parecer Alastor me escuchó, suspiró recordando cómo me sentía juré que iba a morir nunca antes me había dolido tanto como anoche. Quito la manta de mi cuerpo y me siento en la cama, tiro mis pies al piso de madera y trato de buscar mi ropa,