Gimotea adolorida y abre sus ojos, mientras aprieta la mano izquierda de Alastor para soportar el dolor. El no sabe que palabras de consuelo decirle, más que,
—¿te duele mucho?— arlo entra rápidamente y le indica que hacer
—tienes que dormirla, va a morir de dolor— sus gemidos eran agudos y tristes.
—como haría algo así, ni siquiera puede hablar, no creo que pueda dormir en ese estado— de pronto la lluvia empieza a caer y truenos y relámpagos iluminan el cielo, emocionando a arlo el cual abre