No podía confiar en Hannigan, y más, después de que me besó pero es cierto, mi casa está lejos y ni siquiera al amanecer estaría en mi casa. Bufando y rendida me subí a su auto. Sonríe pero le exigí que se diera prisa y lo hace.
—¿Planeas quedarte callada hasta que te lleve a casa?. O ¿Aún sigues molesta por lo del beso?.
—¿Tu que crees?. —dije sarcástica. —Ah, espera, quieres que yo te vuelva a besar.
—No sería una mala idea. —ladea una sonrisa. —Pero claro, se que no pasará.
¿Pero que diablos