Horas antes...
La casa estaba en silencio cuando Erika regresó a la habitación. La lámpara de la mesa lateral dejaba un círculo de luz tibia; el resto quedaba en sombras suaves. El espacio se sentía distinto, más grande, más frío… o quizá era ella la que había cambiado después de aquella mirada a distancia en el jardín.
Se sentó en el borde de la cama y dejó el cuaderno en la mesita sin abrirlo. Tenía el pulso vivo en las muñecas, como si ese cruce de ojos hubiera dejado un latido ajeno bajo su