“Lo intentaré noche tras noche hasta que un médico me confirme que llevas a mi hijo...”, la frase se le incrustó en el cerebro y ella sintió que le faltaba el aire. Fue un golpe de fisura: el mundo se hizo pequeño, los sonidos se distorsionaron y por un instante tuvo la certeza absurda de que no había escuchado bien.
Por su lado, Takeshi, como si hubiera dicho algo común y corriente, dio un sorbo a su té y siguió hablando como si nada, sin relación aparente con lo anterior:
—Este nigiri está ex