Mundo ficciónIniciar sesiónLa biblioteca de la villa Bellandi olía a madera vieja, a tabaco y a papeles que habían visto demasiadas decisiones. Afuera, una lluvia fina raseaba el cristal; dentro, la luz era amarillenta y baja, como si los objetos conservaran la intimidad de secretos. Sobre la mesa central había un mapa de Europa y Asia extendido, marcas de alianzas antiguas, una botella de amaro medio vacía y el reloj de pared que contaba los segundos con la exactitud de un verdugo.
D







