Las paredes eran de concreto reforzado, sin una sola grieta. El silencio era denso. No llegaba ni un eco de los disparos, ni del caos que seguramente seguía rugiendo en la superficie. Solo el zumbido sutil del sistema de ventilación, y la respiración contenida de quienes se encontraban dentro.
Svetlana apretaba los puños, los nudillos blancos, el corazón estrujado por una mezcla de miedo y desesperación. Su vestido de novia estaba sucio y rasgado en los bordes, y su rostro, aunque hermoso, esta