Nikolai observaba el caos, la gente corriendo por todos lados, el pánico reflejado en sus rostros, mujeres llorando, sangre salpicando los manteles blancos... Y una sonrisa torcida curvó sus labios.
—Idiotas —murmuró en ruso, sin despegar la vista de aquella escena—. Ni siquiera nos vieron venir.
A su lado, Vladislav alzó el auricular de comunicación interna.
—Grupo Uno, avanzar por el ala este. Grupo Dos, controlen la cocina y los pasillos de servicio. Recojan armas y prepárense para el segund