El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando Dante ya estaba en el gran salón, rodeado de sus hombres más cercanos. La estancia, decorada con muebles de caoba y estanterías repletas de libros viejos, despedía el particular aroma de tabaco y cuero envejecido. Sobre la mesa principal, una botella de whisky sin abrir y varios vasos de cristal aguardaban, reflejando la tenue luz de la mañana.
Dante se encontraba sentado en la cabecera, con el semblante sereno pero la mirada afilada. Fabio, Fabri