Fue el viaje más largo de su vida. No tanto por la duración en sí, sino por la constante paranoia y ansiedad que sintió en cada segundo del trayecto.
El avión que lo sacó de Rusia aterrizó primero en el Aeropuerto de Milán-Malpensa alrededor de la madrugada. No perdió tiempo en trámites innecesarios; en cuanto pudo, abordó un vuelo de conexión con destino a Calabria. En el vuelo desde Milán hasta Lamezia Terme, había intentado dormir, pero fue en vano. Cada minuto fue una tortura, sintiéndose o