Dante aún trataba de recuperar el aliento, su piel ardía con el rastro de caricias y besos que Svetlana le había dejado. El aroma de ella aún flotaba en el aire, mezclado con el sudor y la pasión desbordada que apenas comenzaba a disiparse. Apenas había cerrado los ojos, disfrutando de aquel efímero instante de quietud, cuando el sonido de su móvil irrumpió en el silencio.
Svetlana se estremeció y, con un respingo, comenzó a vestirse apresurada, cubriendo su cuerpo con movimientos torpes y nerv