Svetlana dejó escapar un suspiro mientras se apoyaba en la baranda del balcón. El atardecer teñía el cielo de Reggio Calabria con tonos dorados y carmesí, proyectando sombras alargadas sobre los jardines de la propiedad. Su cuerpo aún vibraba con la energía de la clase de ballet, tenía los músculos resentidos por la práctica rigurosa, pero su mente… su mente solo podía pensar en él.
Dante.
Desde que había partido temprano en la mañana, una sensación de vacío se había instalado en su pecho. Se s