4 días atrás...
Svetlana forcejeó con todas sus fuerzas, retorciendo los brazos, intentando zafarse del agarre de aquel hombre que la arrastraba como si fuera un saco de carne. La indignación hervía en su pecho, cada latido era un golpe de rabia que la impulsaba a seguir resistiéndose. No era justo. No era justo que la castigaran cuando lo único que había hecho era defenderse.
—¡Suéltame, maldito imbécil! —gruñó, clavando las uñas en la muñeca de su captor.
Él ni siquiera se inmutó. Con una fac