La nieve caía lenta y silenciosa sobre Moscú, cubriendo las calles de un manto blanco y traicionero. El aire estaba impregnado del aroma a humedad, tabaco y gasolina, y la neblina era densa. Alexei Ivanov apretó los puños dentro de los bolsillos de su abrigo negro mientras caminaba hacia el muelle abandonado donde le habían citado.
El hielo crujió bajo sus zapatos cuando se detuvo frente a la figura que lo esperaba en las sombras. El viento silbaba entre los contenedores de carga, arrastrando c