La tensión en el aire era tangible. Los hombres de Dante se acercaron de inmediato a Yumi, con miradas protectoras, listos para intervenir en cualquier momento. Pero Svetlana, aunque preocupada, no podía quedarse quieta. Se acercó aún más a la chica, tomando su mano con suavidad. Yumi levantó la mirada hacia ella, los ojos llenos de gratitud, como si su presencia la aliviara, aunque no lo suficiente para calmar el torrente de emociones que la invadían.
Dante miró a su esposa con algo de frustra