Una semana transcurrió con calma, pero la tensión siempre acechaba en el aire. Svetlana, acurrucada en un rincón soleado de la mansión, había encontrado un poco de paz. Había pasado los últimos días completamente dedicada a sí misma, a cuidarse y, por supuesto, a estar con las chicas rescatadas por Dante. El tiempo, aunque frenético en muchas áreas de la propiedad, había transcurrido con cierta serenidad para ella. En el cálido resplandor de la tarde, los sonidos de risas y susurros llegaban a