La propiedad se extendía como un reino aislado, donde las sombras de los pinos se alargaban sobre los caminos adoquinados y los muros de piedra de la mansión parecían historias de todo lo que allí había ocurrido. Giovanni, aún con las cicatrices de su propia guerra interna, caminaba con pasos lentos, observando la inmensidad que lo rodeaba. No era su primer día en la villa, pero cada rincón parecía ofrecerle algo nuevo, algo que no había visto antes.
Ruggiero había terminado de examinarlo aquel