El zumbido constante del reactor llenaba la cabina con un murmullo grave y envolvente. La aeronave privada cortaba el cielo como una cuchilla silenciosa, alejándose de Calabria, dejando atrás la tierra donde la sangre, la traición y el fuego habían marcado a todos de manera irreversible.
Dentro del avión, el ambiente era denso, no solo por la falta de oxígeno emocional, sino por el cúmulo de adrenalina aún sin digerir.
Svetlana estaba sentada justo al lado de la camilla médica especial donde Da