Dentro, el aire olía a papel antiguo, a tinta, a metal oxidado y a poder. Estaban en una sala circular, repleta de estanterías. Documentos. Carpetas selladas. Discos duros. Equipos. Fotografías. Y una pantalla gigante en el centro, apagada.
—Bienvenido a la parte del infierno que no conocías, inspector —dijo Dante, encendiendo la pantalla—. Mira con atención. Porque esto no lo encontrarás en ninguna base de datos policial.
La pantalla cobró vida. Archivos clasificados. Logos gubernamentales. Co