Un nuevo día en el mundo de los Bellandi llegó. La mañana había comenzado con una calma tensa en la Villa Bellandi. El cielo, cubierto por una capa gris de nubes bajas, parecía presagiar que algo se avecinaba. Dante estaba en el despacho, de espaldas a la puerta, observando a través del ventanal cómo las hojas caían sobre el empedrado húmedo del jardín. Tenía el vaso de whisky intacto en la mano. No lo había tocado. Solo lo sostenía.
Entonces, la puerta se abrió sin previo aviso.
Fabio entró con