Las últimas tres noches habían sido un infierno de pensamientos. Dante no había podido dormir, no realmente. Había cerrado los ojos, sí, pero su mente seguía despierta, corriendo en círculos, afilando ideas como cuchillas, descartando lo inútil y puliendo lo necesario. Volvía a los mapas mentales, a las rutas de escape, a los rostros de sus enemigos… reorganizando cada parte del plan como si su vida dependiera de ello. Porque esta vez, dependía. Su vida, la de Svetlana, y la de todos los que ll