Las palabras la atravesaron como cuchillos. ¿Lucía? ¿Su pequeña Lucía caminaba con dificultad? El pánico la empujó directo al hospital. Allí, tras revisarla, la doctora habló con calma, aunque sus palabras le supieron a un nuevo golpe:
—La niña tiene toe walking. No es grave, puede corregirse… pero necesita terapia, paciencia y, sobre todo, dinero.
Dinero. Esa palabra la persiguió de regreso a casa, clavándose como un recordatorio cruel. Ella apenas tenía lo justo para sobrevivir, y ahora debía