Ariadna no estaba descansando como le había dicho a Alexander. Ella estaba en una sala de espera en el hospital central de Cambridge, esperando los resultados de sus análisis de sangre.
El doctor le confirmó lo que ya sabía. Aun así, su reacción fue como si recién lo estuviera descubriendo. El profundo amor que ya sentía por el pequeño en su vientre, era más grande que cualquier otra cosa. No encontraba las palabras que describiera lo que sentía. De pronto su estado de ánimo decayó. Le habría